Vacaciones interruptus

Pues sí, al final nos fuimos unos días de vacaciones. Estuvimos dudando hasta última hora, pero teníamos muchas ganas de sol, playa y chiringuito, así que planificamos una escapada de seis días a Valencia, donde el futuro papá tiene casa. Bueno, él no, sus padres. De hecho, por fechas coincidíamos sí o sí con su madre, toda una aventura si tenemos en cuenta que los dos somos un poco asociales en general y de vacaciones en particular. Pero la historia salió bien. O casi, porque finalmente adelantamos la vuelta dos días.

Vacaciones durante el embarazo.
Esta imagen tiene licencia CC en el Flickr del usuario Thomas.

¿Los motivos? Riesgo elevado de morir deshidratada. ¡No he pasado más calor en mi vida! Iba mentalizada porque sé que es una casa calurosa y, aunque hay buen rollo con la suegri, en este viaje no nos veía al futuro y a mí repanchingados en los sofás del comedor (la única estancia de la casa con aire acondicionado) babeando y roncando a pierna suelta como en otras ocasiones. No era plan. Así que me imaginaba que las noches iban a ser complicadas, pero fueron mucho peor. No voy a entrar en detalles para evitaos el mal trago, pero os podéis imaginar que las cuatro noches que pasamos allí sudé como una cerda un pollo. Y que lo de dormir fue… misión imposible. Para más inri, mis acompañantes descansaban sin problemas… y me lo restregaban contaban al amanecer. ¡Arrrgghh!

Los primeros días lo llevaba medianamente bien: la playa y el arroz negro lo compensaban todo. Incluidos los ardores que me producía el puñetero alioli. Pero la falta de sueño pasa factura y las 34 semanas de embarazo también. Así que el viernes, dando un paseo por el centro de Valencia a 2 por hora, un reflujo de aupa, la tripa dura cada dos por tres y unos goterones de sudor más propios de Camacho que de cualquier mujer de este mundo se me apareció Burning para decirme: ¿Qué coño hace una chica como tú en un sitio como éste?

Se me debió descomponer la cara al pensar que encima en la casa iban a estar tooodo el fin de semana dos compañeras de trabajo de mi suegra, porque el futuro papá no tardó en proponer que nos volviéramos antes, que él ya estaba cansado de playa y tenía muy descontrolada el azúcar (lo segundo era verdad, lo primero… tengo mis dudas).. Al principio dije que no, que para dos días que nos quedaban… Pero al meternos en la cama y empezar el ritual nocturno… ¡lo vi claro! Teníamos que volver. Ni playa, ni chiringuitos, ni ná. Yo sólo quería estar en mi casita, con mi almohada maravillosa, el aire acondicionado, mis duchas de agua fría y mi ordenador para combatir el insomnio con blogs, blogs y más blogs.

Al día siguiente, emprendimos la vuelta a Madrid. Y ahora no paro de preguntarme… cómo pueden haberme venido largas unas vacaciones. A mí. Ay Dios, ¿pero qué me está pasando? Esto tiene que ser cosa del tercer trimestre, que dicen que es muy malo…

8 comentarios en “Vacaciones interruptus

  1. Calor y tercer trimestre no son compatibles, por mucha playa que tengamos cerca!!! Yo el año pasado embarazada de Vikingo casi muero en pleno agosto, así que te entiendo perfectamente, en casa mejor que nunca. Te sigo!

    • Y eso que estoy teniendo suerte, que está siendo un veranito muuuuy raro… Pero ay agosto… ¡lo que me queda! Como eres experimentada en el tema, ya te escribiré para que me des algún consejillo para combatir el calor con esta tripa! Muchas gracias por comentar!! Un beso 🙂

  2. La verdad es que a mi me tocó el tercer trimestre en pleno invierno, y eso sumado a que la temperatura corporal sube un gradito, estuve genial, el primer invierno que no paso frio!! Pero no me lo quiero imaginar en verano, tiene que ser la muerte… Así que ánimo que no te queda ná!!

    • Gracias por los ánimos!!! La verdad es que yo digo que tengo una estufa dentro, así que en invierno me hubiera venido genial pero como dices… en verano… es horribleeee! Gracias por pasarte 😉

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