Guardería: y después del período de adaptación, ¿qué?

madre-besa-nariz-bebe-pHace ya un mes y medio que Adrián empezó la Escuela Infantil y, como os comenté en otro post, el período de adaptación fue mejor de lo que esperábamos los primeros días. También os conté que en la guarde que hemos elegido, durante todo el mes de septiembre, te permitían recoger al niño antes de lo normal para ir acostumbrándole a su nueva rutina poco a poco.

Pero, claro, todo lo bueno se acaba y a estas alturas del mes de octubre ya os puedo hablar de cómo está siendo la verdadera adaptación de Mi niño bonito a estar fuera de casa. Bueno, para ser sincera os puedo contar cómo se queda, cómo está cuando le recojo y los cambios que yo percibo en casa. Y, por supuesto, lo que me cuentan las profes, de las que me fío totalmente porque son un encanto. Pero realmente no sé cómo lo está llevando al 100% porque, de momento, no me lo sabe contar.

Entrada y salida de la guarde

Lo que más le ha costado a Adrián ha sido, sin ninguna duda, el momento de la separación. Nada más acercarnos a la clase, él sabía perfectamente dónde iba y lo que iba a pasar, así que se agarraba con mucha fuerza y nada más abrir la puerta empezaba a llorar. Dejarle sentado, darle un beso y decirle adiós con una sonrisa más falsa que un duro de madera ha sido también lo que más nos ha costado a nosotros, los papás, que todos los santos días nos quedábamos en la puerta esperando que por favor se le pasara pronto. Y he de decir que sí, se le pasaba muy pronto: la profe le cogía, si era necesario le ofrecía el chupete, y ya se calmaba, para respiro nuestro, claro. Lo comprobábamos mirando por una ventanita que hay en la puerta, en plan primerizos totales. ¡Qué pensarán las profes al ver tanta cabeza asomándose, me pregunto yo!

Hablo en pasado porque lleva un tiempo más calmado. Por organización familiar, hace ya unas cuantas semanas que yo no le llevo por las mañanas, aunque nada más dejarle El Padre De La Criatura me llama para pasarme novedades. Últimamente son buenas: se ha quedado muy tranquilo y me ha dicho adiós con la manita. ¡Qué bien!

A recogerle siempre voy yo y en este caso las cosas siguen más o menos como al principio: cuando me ve hace algún puchero o incluso lloriquea hasta que llego hasta él y le cojo en brazos. O sea, que la duración del ‘disgusto/cabreo’ depende de si en ese momento está jugando más cerca o más lejos de la puerta de la clase. Si está justo en la puerta no le da tiempo a reaccionar, así que pasa directamente a la sonrisa. Si no, la sonrisa también llega, pero se hace un poquito más de esperar. Me hace mucha gracia porque nada más cogerle empieza a decir adiós con la mano como si no hubiera un mañana. Yo creo que pensara venga, hala, que nos vamos. Ya estás tardando. Al menos no tiene problema en dar besos a sus profes, lo que me hace pensar que en casa está más a gusto, pero que allí está bien también.

Lo que me cuentan las profes

En general, me dicen que suele estar muy contento. Si ha pasado mala noche lo achaca un poco más, está más irritable hasta que se echa la siesta, pero vamos… eso también nos pasa en casa (el sueño nos marca mucho a todos). Come muy bien, está aprendiendo a comer solo con cuchara y duerme de maravilla. Allí, claro, en casa ya sabéis que va a ser que no… Desde el primer día cae rendido en su colchoneta (o la que pilla más cerca, según me han contado) sin ningún problema, ni ninguna ayuda para dormir. Con lo cansina que me puse con el tema de que por favor, por favor, por favor no le dejaran llorar hasta que se durmiera y resulta que sólo los primeros días necesitó el contacto de la profe, que le ponía la mano en la cara hasta que cerraba los ojos.

Algún día malo también ha habido y así me lo han hecho saber: hoy ha estado más protestón, hace un rato miraba la puerta y se quejaba, tenía tanto sueño que en la comida se ha puesto a llorar… Casi todos sus males están relacionados con el sueño, así que la verdad es que muchas veces les avisamos… ha dormido fatal… y luego confirmamos que también allí ha pasado factura.

Efectos secundarios de la guarde en casa

Pues sí, su estancia en la guarde ha tenido y sigue teniendo cambios en casa. Muy evidentes, por cierto. En resumen, me reclama muchísimo más que en los últimos meses. Desde que sale de la guarde no se quiere despegar de mí, literalmente. Ni dejarle en el suelo al llegar a casa puedo. Nos sentamos juntos, él encima de mí y poco a poco se va soltando, pero siempre quiere estar muy cerca. Después, a medida que va avanzando la tarde y estamos los tres juntos la cosa se va normalizando. Y ya en el parque se mueve sin mirar atrás. Literalmente también. Que ni tanto ni tan calvo, digo yo…

El hecho de estar más mimoso también implica, a veces, estar más protestón. Aunque, no sé, en general yo le noto más feliz. Se le ilumina la cara cuando nos ve y se parte de risa con cualquier cosa que le hagamos. Está muy contento y eso también me tranquiliza.

Y el último cambio fundamental tiene que ver con la teta… ¡pero eso da para otro post! De momento os avanzo que estoy tan cansada físicamente como los primeros meses en los que comía a todas horas. En plena crisis me hallo. Y no sólo suya, también mía… ¡No digo más!

Conclusiones personales

Termino el post con una reflexión muy personal y que quizá sólo tenga que ver conmigo y con mi hijo. Vaya por delante que estoy muy contenta con que vaya a la guardería, creo que está aprendiendo muchas cosas y que está ganando autonomía. También pienso que los niños se acostumbran, pero, OJO, les cuesta. Es un cambio muy grande para ellos, sobre todo si han empezado a ir después de un período más o menos largo con su madre o padre. Y como tal hay que entenderlo.

Pueden estar más irascibles, más exigentes, más mimosos, más ariscos… Cada uno expresa sus emociones de una manera y hay que intentar entender que son cosas normales. No creo que intenten castigarnos, ni hacernos sentirnos mal como mucha gente insinúa, simplemente se están adaptando a una nueva situación y nos necesitan. No creo que haya más vuelta de hoja, la verdad.

¿Y vosotras? ¿Notasteis cambios en vuestros retoños cuando empezaron a ir a la guardería o al colegio? ¿Creéis que el período de adaptación dura bastante más de una semana o un mes?

Un abrazo

6 comentarios en “Guardería: y después del período de adaptación, ¿qué?

  1. Pues a mi me acaban de llamar para trabajar. Sera de lo mio, en una escuela infantil pero ironias de la vida, Laia ira a otra. Estoy muy ilusionada de volver a estar activa laboralmente, pero tambien muerta de miedo por la pobre, que esta acostumbrada a estar todo el dia conmigo y la pilla la cosa en plena angustia por separación. Yo me habria quedado en casa con ella hasta el año por lo menos Me da que sera un poco como os ha pasado a vosotros: con el sueño fijo que no tiene problemas y me la veo pegada a la teta toda la tarde… Ayyy espero que no sea muy duro!

    • Ohh, bueno pero seguro que va todo muy bien. Las cosas siempre pasan por algo… Y ya verás como con un poquito de paciencia y muchos mimos os acopláis fácilmente a la nueva situación. ¡¡Mucha suerte guapa!! Tenemos una conversación pendiente sobre el sueño o no sueño de nuestros retoños xD

    • Pues sí, yo también lo veo así, que son cosas normales y que, aunque a veces cueste un poquito, todo pasa. Pero últimamente me llegan bastantes mensajes del tipo de… está jugando contigo, lo hace a propósito… y jo, debe ser que soy muy ingenua, pero no creo para nada que sea así. ¡Un abrazo!

  2. Bueno pues este post lo podía haber escrito yo pero adaptado a un niño de 3 años y medio…incluido lo de la teta ainsssssss, muerta estoy!!!
    Claro que hemos notado cambios y es normal, todo ha cambiado, pero es lógico estamos viviendo una “nueva vida” y eso se tiene que notar…cuestión de acostumbrarse!!

    • Jajaja, ay Carol pero tú eres fuerte… yo soy débil, sobre todo de noche… A veces me subo por las paredes… oohhhmmm vamos a ver si practico un poco mi lado zen… ¡Gracias por comentar y ánimo con la adaptación de UNMF!

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