¡¡Es un niño!!

Por fin nos lo han confirmado: ¡es un niño! Nos lo imaginábamos porque ya en la ecografía de las doce semanas nos dijeron que el pequeño apuntaba maneras. Además, nos pusieron un ratito la imagen en 4D y, vale que no había pruebas científicas porque no nos dejaba ver sus intimidades, pero en conjunto tenía pinta de chavalote. Igual estábamos un poco influenciados porque la ginecóloga, más maja que las pesetas, se jugó un meñique a que era un varón. Ahora ya podemos decir que acertó.

Qué pena que no nos haya hecho ella también la ecografía de las 20 semanas porque ¡ay que ver qué rancias las dos que nos han tocado! Ya desde el primer momento han sido más secas que la mojama, pero es que ni siquiera después de la exploración se han dignado a explicarnos nada. ¡Con lo importante que es la ecografía morfológica y lo nerviosa que estaba! Menos mal que durante la eco veía al futuro padre con cara de atontolinao, sonriéndome y haciendo gestos con la mano, emocionao perdido.

La mujer del ecógrafo sólo a abrió la boca para decirnos: es un niño, “eso son sus testículos” (que yo desde mi posición no podía ver) y “vale, ya está, vístete que todo está bien”. ¡Nos nos dejaron ni sentarnos en la consulta después! Quería preguntarles por una vacuna que me tienen que poner por tener el RH negativo y, en un alarde de amabilidad, me dijeron que ya preguntara en la próxima visita, que ellas tenían mucho lío para estar mirando el historial.

Flipando en colores y con cara de haba nos fuimos de la habitación de los horrores. En la primera esquina del hospital nos paramos a leer el informe, esperando que fuera más detallado que las explicaciones de la rancia de la doctora y de la súper rancia de su ayudante. Pero ponía más o menos lo mismo: todos los campos ok y nada más. Ni medidas, ni estimación de peso, ni nada.

Menos mal que todo está bien y que el padre me jura y me perjura que él lo vio todo y que, sí, que es un niño y que está bien dotado. Así ya podemos dejar de pensar en las <del>tontas del culo</del> ginecólogas y centrarnos en lo importante: el pequeño Adrián. ¡Bienvenido hijo!

Deja un comentario