El período de adaptación en la escuela infantil

adaptacion-cole¡Más de una semana sin internet en casa! ¿Os lo podéis creer? Yo creía que me daba algo de la angustia, pero bueno, aquí estoy: ¡vivita y coleando! Aunque lo que realmente está coleando es el blog… un montón de post en borradores a falta de un último vistazo y la foto que no he podido publicar porque… desde el móvil no me apaño. Me pongo a escribir, que si no se me guarda, que si para subir una imagen me las veo y me las deseo porque no me reconoce el botoncito ese de subir desde el ordenador… Arggh, dedime que no soy la única movil-lerda por favor…

En fin, que como suele pasar alguno de esos post se han quedado antiguos y necesitan actualización. Es lo que le he pasado a éste porque ya no os voy a hablar del período de adaptación de la escuela infantil que hemos elegido en términos generales… ¡es que ya lo hemos pasado! Bueno, a ver, no es que estemos cien por cien adaptados a la nueva rutina, pero hemos dado pasitos de gigante de los que os tengo que hablar.

Lo primero que quiero que entendáis es que ahora mismo el #modomadreorgullosaon gana al #modomadrellorosaon, pero que este último puede volver en cuanto momento. Aviso más que nada porque en los últimos días parezco el Dr Jekyll y Mr Hyde, y no me gustaría que pensarais que en este impás sin publicar se me ha ido completamente la cabeza. Pero empecemos por el principio…

El día del cumple de mi retoño tuvimos una reunión general en la escuela y también una particular con la profe, con la que hablamos largo y tendido del período de adaptación, que en casa nos parece fundamental. Como ya nos habían contado (y yo a vosotr@s en este post) la adaptación ‘estándar’ era de una semana, aunque había total flexibilidad para añadir días si eran necesarios, ir menos horas, etc. Para que las profes pudieran atender mejor a todos los niños, nos explicaron que era mejor no empezar todos los nuevos el mismo día, sino hacer grupos de dos o tres familias cada semana (la del 7 y la del 14). Nosotros pactamos empezar el lunes 7 de septiembre junto a otros dos niños nuevos y tres ‘antiguos’, que habían empezado su re-adaptación a primeros de mes. Me encantó la idea de escalonar la entrada de nuevos niños para poder atenderles mejor.

Creo que la manera de gestionar el período de adaptación ‘estándar’ es similar en casi todas las escuelas: primero vas tú con el peque una horita, otro día vas a jugar con él otra horita pero luego te vas a tomar un café para ver qué tal lleva la separación, otro se queda solito un ratito más, otro ya se queda a comer y otro a dormir. ¿Al terminar esos cinco días el niño está adaptado? Por supuesto que no, eso también nos lo advirtieron: la primera semana es la toma de contacto y tiene que ser lo más gradual posible, pero sería absurdo pensar que en un período de tiempo tan corto el niño se va a sentir igual de seguro en la guarde que en casa y va a estar deseoso de ir a su nuevo cole a jugar. Obviamente, no. Por eso también me gustó mucho que nos hayan dado la opción de recogerles un poco antes durante todo el mes de septiembre.

¿Y cómo nos ha ido a nosotros? Pues, en general, bien. O, al menos, mejor de lo que me esperaba. Los dos primeros días, a pesar de estar con él en el aula, fueron muy malos para los dos. Quizá porque en el parque se acerca sin problemas a otros niños pensaba que estando yo se lo pasaría bien. Y no fue así. Estaba todo el rato pegado a mí, jugando exclusivamente conmigo y quejándose a menudo mientras decía adiós con la mano como diciéndome…¡sácame de aquí, por favooor! Las profes casi no podían ni decirle nada porque se ponía a llorar, lo que me recordó a los primeros días en el taller de estimulación temprana que hacíamos juntos un día a la semana.

Tampoco fue fácil cuando le dije adiós con mi mejor sonrisa y se quedó llorando y muy enfadado. Aunque fue cosa de una hora, se me hizo eterna. Menos mal que los papás de otro niño ‘nuevo’ me propusieron ir a tomar un café e intentamos hablar de otras cosas. Cuando llegué todos estaban en el patio y Adrián también, pero… dormido en una hamaca. ¿Se habría dormido del sofoco? Eh, yo nunca le he dejado llorar y esto ya lo habíamos hablado en la escuela. Entré muy preocupada, pero me contaron que había estado llorando un ratito al irme, pero que en cuanto la profe se puso a cantar se le pasó. Después le habían visto con sueño y le habían tumbado en la hamaca. Se durmió sin llorar, con la mano de la profe en la cara. Una mamá allí presente me confirmó la versión al salir, jaja. Ah, bueno. Respiré.

A partir de ese segundo día, todo ha ido a mejor. Un día no lloró al irme y los demás me he quedado detrás de la puerta para ver si lloraba y se ha tranquilizado en seguida. Me han contado que después no ha vuelto a llorar, que en el patio es todo un explorador, que se sube por todos los columpios y que le encanta el arenero. Ha comido él solito su filete y se ha dormido sin llorar en su colchoneta porque, al parecer, ya no quiere dormirse su siesta mañanera y llega tan cansado a la comida que en cuanto se tumba cae frito (que me den la fórmula, por favor, que cuando le echo yo en mi casa muertico del cansancio se activa en un pliss). Me han dicho que le encanta cuando la profe canta y cuando cuenta cuentos. Y, aunque cuando me ve se le dibujan los pucheros y se le cae alguna lagrimita, en casa está contento, feliz, como siempre. Y yo estoy… orgullosísima de él, de su capacidad para superar miedos, de lo valiente que está siendo al enfrentarse a algo desconocido…

Por supuesto, todavía no está adaptado. Sé que esto puede cambiar de un día para otro, que falta mucho camino por recorrer y que esta segunda semana todo puede dar un vuelco, pero por ahora estoy más tranquila. El agobio de las semanas de antes de empezar y de los dos primeros días ha ido haciéndose más pequeñito. A ver si sigue así y un día… ¡desaparece!

¿Cómo fue el período de adaptación de vuestr@s pequeñ@s? ¿Y vosotr@s? ¿Cómo lo llevasteis?

Un abrazo

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