¡Bye, bye Navidades!

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¡Por fin se han acabado las Navidades! Sí, sí, habéis leído bien: ¡POR FIN! Y no me han abducido: lo digo yo, la misma que desde octubre lleva tarareando Noche de Paz a su retoño para que se duerma, la que cada año saca el árbol con la ilusión de una niña de siete años y se pone nerviosa perdida antes de las uvas. ¡Hasta el gorro he acabado! Este año, que debía ser EL AÑO, ha sido un rollo patatero.

Fundamentalmente porque hemos estado malos los tres. Primero vino el padre y, después, caímos Adrián y yo. Ver a nuestro bebé malito ha sido una experiencia muy dura. Y eso que no ha tenido nada grave y he sido consciente de que no era nada desde el principio. Anda que no me he acordado yo de los papás que han tenido ingresados a sus hijos por algo importante de verdad. ¡Uff! Pero, claro, era la primera vez que el niño tenía fiebre y, encima, no se le bajaba con nada. Tuvimos que ir a urgencias el día de Navidad. En todo momento nos dijeron que no era grave, pero insistieron mucho en que tuviéramos cuidado, que era muy pequeño y no se le fuera a convertir en una bronquiolitis. Ni que no hubiéramos tenido cuidado…

Por suerte no se le bajó a los bronquios, pero se convirtió en una laringitis. Una tos perruna de lo más alarmante y un bebé de cuatro meses totalmente afónico al que, de verdad, no oíamos si lloraba ni estando a su lado todo el tiempo. Y un pediatra gilipollas que ni le examina y dice que cualquier cosa al hospital porque no es grave, pero como se le baje a los bronquios… Joder con los bronquios.

EPDL y yo malos también, con fiebre, tos, afonía… y mucho miedo en el cuerpo. Como padres primerizos y desconocedores de todo, pensábamos que el “malestar general” y la fiebre a nosotros (¿los adultos?) nos iba a durar los dos o tres días de rigor que nos duraban antes de tener hijos. ¡JA! Diez días hemos estado jodidos, ¡diez! Ni cuando tuve la neumonía me duró tanto. ¿Pero qué efecto tienen los niños en los virus, por Dios?

Bueno, el caso es que ya estamos todos bien y que, además, pudimos disfrutar a tope de los Reyes, que vinieron súper cargados. Cargados de más, diría yo… que a ver dónde meto tantas cosas para Adrián… tanta habitación con decoración nórdica y tanto bonitismo… ¡me da que voy a tener que comprar estanterías feotas pero grandes YA!

En fin, que no han sido las Navidades soñadas, pero ya habrá otras para disfrutar al 100%. Y ahora sí que sí… ¡empieza 2015! Y, con él, todo un sinfín de oportunidades.

¿Y vosotras? ¿Qué tal habéis pasado las fiestas?

Un abrazo

7 comentarios en “¡Bye, bye Navidades!

  1. Uffff espero que a estas alturas esteís mucho mejor, hay cada pediatra en urgencias que es para echarlo de comer aparte. Yo estaba deseando que acabasen las navidades, eso de tener bolas rodando por toda la casa, purpurina hasta en las pestañas y un árbol de navidad al dos por tres en el suelo sobre Vikingo que tiraba de él ha sido toda una locura. Un besazo.

  2. Las nuestras han sido especiales porque han sido las primeras desde que nació Simiwenza. Entretenidas a más no poder porque nos hemos juntao unas 50 personas, eso parecía una boda…
    Ahora vuelta a la normalidad, mi peque y yo casi todo el día solitas (el Superpapi trabajando…) que aburrido!!!

    Un abrazo!

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